#THEREALSHARKWEEK

Hoy finaliza la última edición de la «Shark Week». Como cada verano, el canal temático Discovery Channel aborda una semana repleta de contenido sobre tiburones. Una programación tan espectacular como sensacionalista que contribuye a reforzar los estereotipos negativos sobre el comportamiento de los escualos.
Y es que, desgraciadamente, los tiburones cargan desde hace años con la terrible fama de depredadores asesinos. Una imagen totalmente distorsionada, creada en 1975 a través de la película «Tiburón» y fomentada año tras año por una industria cinematográfica a la que le es tan rentable la satanización de los tiburones, que hasta ha creado un género propio.
Y no, no es que no nos gusten las películas de tiburones, es que creemos necesario que la semana de los tiburones se convierta en el altavoz que necesitan los escualos para asegurar la supervivencia. Su conservación requiere de acciones inmediatas, y en esta tarea no valen medias verdades ni enfoques sensacionalistas.

La realidad de los tiburones

Los tiburones se encuentran entre los animales más amenazados del mundo. Se estima que durante los últimos 30 años algunas especies de tiburones han disminuido su población hasta en un 90% y son ya 17 las especies que están en «peligro de extinción» según la lista roja de la UICN: una crisis sin precedentes en sus más de 400 millones de años de existencia.
Su baja fertilidad y su maduración sexual tardía los hace especialmente vulnerables ante su verdadera amenaza: la sobreexplotación pesquera. La falta de protección en aguas internacionales está provocando que estén siendo pescados de forma indiscriminada: 11.417 cada hora.
Esto son más de 100 millones de tiburones pescados cada año, sin contar los miles que mueren de forma accidental atrapados en redes, líneas de pesca o palangres, y los
que lo hacen por la ingesta de plástico y otros residuos que los humanos desechamos en nuestro vertedero particular: los océanos.
Los tiburones son indispensables para el equilibrio del ecosistema marino y la vertiginosa disminución de su población, no solo pone en riesgo el futuro de la pesca a nivel mundial, sino que compromete la salud de nuestros océanos, los productores de más del 50% del oxígeno del planeta.
Los tiburones cargan desde hace años con una mala fama fruto de la desinformación y el sensacionalismo con el que son retratados públicamente, pero lo cierto es que ni formamos parte de su dieta, ni matan por placer. Y los pocos ataques que se producen anualmente son debidos, en su mayoría, a errores (al confundir a la víctima con un mamífero marino) o a malas prácticas de los humanos cuando estamos en su medio.

Nuestra experiencia

Durante los últimos años hemos tenido la oportunidad de nadar y bucear con cientos de tiburones de distintas especies. Los hemos grabado y hemos interactuado con ellos mientras dormían, nadaban, cazaban o se alimentaban y en ningún momento hemos sentido sensación de peligro. Jamás hemos visto en ellos una actitud amenazante. Ni un sólo ademán de hostilidad… ¿os imagináis hacer esto mismo entre osos, leones, cocodrilos o tigres?
La diferencia es que los tiburones, aún siendo también superdepredadores, no representa ningún peligro para los humanos y ante nuestra presencia se muestran, en la mayoría de ocasiones, tímidos, esquivos y, a lo sumo, indiferentes.

De cerca

Hace un par de años viajamos hasta la Riviera Maya para comprobar de primera mano si está justificada la mala fama de uno de los animales salvajes más temidos del mundo.
En nuestro documental De cerca nos sumergimos con la considerada segunda especie de tiburón más peligrosa para el ser humano, el tiburón toro, para demostrar que su mala fama se basa en la desinformación, incidiendo en su importancia para el equilibrio del ecosistema marino y el nuestro, y en la belleza de estos espectaculares animales.
Fue nuestro pequeño grano de arena para visibilizar este gran problema.
Hoy desde We Are Water queremos, además, reivindicar #therealsharkweek. Una semana en la que el espectáculo deje paso a la información y en la que se aproveche la popularidad y el alcance que la Shark Week tiene a nivel mundial para dar a conocer la realidad de los tiburones. Que se conciencie a los espectadores de la necesidad de protegerlos, que se remarque la importancia que tienen en el ecosistema marino y que se estimulen las conciencias para promover leyes internacionales que acaben de una vez por todas con prácticas tan cruentas y destructivas como el aleteo.
Y, por supuesto, para que de una vez por todas se haga justicia a la hora de retratar públicamente a estos maravillosos animales.